La calma chicha en el peronismo de la provincia de Buenos Aires se terminó. Este martes, la Junta Electoral Partidaria se reúne en un clima que se corta con tijera. Lo que para algunos era un trámite burocrático, hoy es el campo de batalla donde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el brazo político de Axel Kicillof, ha decidido «plantar bandera» frente a la conducción de Máximo Kirchner.
El kicillofismo ya no pide permiso. Tras el cónclave en Villa Gesell, la orden fue clara: avanzar. El MDF salió a cazar avales en territorio enemigo, como en Lanús, donde el concejal Ezequiel Berrueco se animó a desafiar la supremacía camporista pidiendo firmas en las narices de la gestión local. La escena se repite en Moreno y otros puntos clave: el gobernador está construyendo su propio «ejército» de afiliados para disputar el control real del aparato.
La reacción del «Patria»
La respuesta del kirchnerismo duro oscila entre el desconcierto y la furia. Teresa García, espada histórica del espacio, no anduvo con vueltas: “A los compañeros los vemos muy apurados, le están errando”, disparó, en un mensaje que sonó más a advertencia que a consejo. Mientras tanto, en las redes, Facundo Tignanelli soltó metáforas musicales para marcar la cancha, una sutileza que en el código peronista suele anteceder a la guerra total.
Con el 8 de febrero como fecha límite para el cierre de listas y la elección fijada para el 15 de marzo, el fantasma de una interna «a todo o nada» en los 135 municipios aterroriza a los intendentes que prefieren la unidad para no desangrarse. Pero, por ahora, la tregua es una palabra prohibida en el diccionario bonaerense.
¿Qué se juega detrás de los avales?
Lo que estamos viendo no es una simple pelea por carnets; es la emancipación política de Axel Kicillof.
El fin de la «conducción por herencia»: Por primera vez, un sector del peronismo cuestiona el liderazgo de La Cámpora no solo con gestos, sino con estructura. El MDF busca que el PJ deje de ser el «refugio» del kirchnerismo y pase a ser la plataforma de lanzamiento presidencial del gobernador.
Un censo de lealtades: Salir a buscar avales en distritos ajenos es un acto de audacia. Kicillof está midiendo cuántos dirigentes están dispuestos a sacar los pies del plato del Instituto Patria para subir al barco del «Derecho al Futuro».
El riesgo del caos territorial: Si no hay acuerdo, el peronismo enfrentará 135 internas locales. Es un escenario inédito y peligroso, pero es el costo que el kicillofismo parece dispuesto a pagar para demostrar que ya no son solo «gestión», sino también «poder».
En definitiva: Kicillof entendió que para ser el futuro del peronismo, primero tiene que ganar la batalla por el presente de la Provincia.































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