Pregunto, estimado lector: ¿el Gobierno de Javier Milei le negó el Congreso de la Nación para velar sus restos al músico y compositor Carlos Alberto Solari más conocido y recordado como “Indio» por puras cuestiones ideológicas?
La decisión de negarle las puertas del Congreso de la Nación a los restos de Carlos Alberto Solari «Indio» pasará a la historia no como un acto de autoridad, sino como un monumental error de cálculo político.
En su afán por pasarle factura ideológica al máximo mito del rock argentino, la Casa Rosada creyó que restaba. Lo que hizo, en realidad, fue obsequiarle a la provincia de Buenos Aires el monopolio de la emotividad popular y la postal política más potente en lo que va del año.
El contraste fue inmediato y feroz. Mientras el Gobierno nacional se encerraba en un silencio de barricada digital, Axel Kicillof leyó la jugada en tiempo real: decretó tres días de duelo provincial e izó la bandera a media asta. La negativa del ámbito legislativo nacional no dispersó a la masa ricotera; la redirigió con más mística.
El resultado está a la vista de todos en el Micro estadio José María Gatica de Villa Domínico. Kilómetros de fila que llegan casi hasta la Ciudad de Buenos Aires, una marea humana autogestionada en el Parque de los Derechos del Trabajador de Avellaneda, y un peronismo bonaerense que terminó capitalizando, ordenando y cobijando la liturgia de un millón de personas sin que se mueva un solo patrullero.
Al intentar invisibilizar el funeral de Estado del Indio Solari por «no pertenecer a las fuerzas del cielo», la gestión libertaria logró lo contrario: descentralizó el mito, lo devolvió a su barro original en el conurbano y le dio la razón histórica a una de las frases más célebres del artista. Quisieron apagar el fuego con nafta ideológica, pero se olvidaron de que, para el pueblo ricotero, ciertamente, ese viento tres de febrero sigue soplando.
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