Como cada año el 14 de junio se celebra el Día del Barrendero en homenaje a Mauricio Silva, un sacerdote uruguayo que barría las calles de la Ciudad de Buenos Aires y fue desaparecido por la última dictadura cívico-militar en el año 1977.
La fecha se instauró en 2014 tras la aprobación de una ley en el Congreso de la Nación, impulsada por la entonces diputada Adela Segarra. Con esta iniciativa se busca no solo reconocer en la figura de Silva a todos los trabajadores del sector, sino también poner en valor una tarea diaria que, lamentablemente, muchas veces es invisible a los ojos de la sociedad.
Un poco de Historia: ¿Quién era Mauricio Silva?
Iniciando el año 1977, este sacerdote y barrendero fue secuestrado por el terrorismo de Estado mientras realizaba su trabajo en el barrio porteño de Villa General Mitre. Tras sufrir torturas inhumanas, se constató su muerte en septiembre de 1980, luego de ser arrojado desde un auto a la vía pública. Fue un hombre que eligió el eslabón más humilde del trabajo para estar cerca del pueblo.
Como sociedad, es fundamental reconocer el sacrificio extremo que realizan los barrenderos de cada sector. Con frío, heladas, calor agobiante o bajo tormentas severas, ellos siempre están ahí, firmes. Son los que meten las manos y los pies en el agua tras un temporal y los que caminan cuadras y cuadras para que el pueblo amanezca transitable. Son, sin exagerar, los verdaderos héroes de la higiene urbana.
Un recordatorio para los «vecinos modelo»
El reconocimiento no se demuestra con un «me gusta» en las redes sociales, sino con empatía y educación en el día a día.
No hay nada más patético que ver aparecer al «vecino modelo» a tirar basura justo después de que el barrendero dejó la cuadra impecable a puro pulmón. Ese personaje al que le encanta aparentar superioridad, actuando como si el trabajo ajeno no valiera nada, barriendo las hojas hacia la calle o ensuciando sin el más mínimo remordimiento.
Si ya pasaron por tu cordón, ten respeto por el lomo ajeno. Aguantá cinco minutos, guardá el residuo o limpiá más tarde. Si no, pedile a tu barrendero un bolsón para las hojas. No seas de esas personas ventajeras, con cero empatía en el corazón.
Y un detalle que no cuesta un peso, pero habla bien de nosotros como sociedad: si el termómetro marca bajo cero o el calor parte la tierra, ofrecerle un termo con agua caliente para el mate o un vaso de agua fría no te va a quebrar el bolsillo. Dejemos de lado la soberbia o los colores políticos. Somos todos humanos viviendo en una misma sociedad.
Porque acá el tema es simple: la vida da muchas vueltas. El que hoy mira desde el balcón con aires de superioridad, mañana pueden ser ustedes, sus hijos, sus hermanos o algún familiar quienes estén empujando el carrito bajo las inclemencias del tiempo.
Así que guardá la prepotencia y poné en práctica la dignidad. Reconocer al barrendero una vez al año está muy lindo, pero ellos merecen el reconocimiento de todos los días; respetarlos el resto del año es lo que realmente marca la diferencia.
Desde nuestros medios de comunicación, Semanario La Noticia.ar y www.lanoticia.ar, saludamos a los barrenderos y barrenderas en su día.
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